
Un recorrido histórico sobre las diversas funciones de padre, madre e hijo muestra cómo éstas han ido variando según las necesidades y los valores dominantes de una sociedad.
Así, “la mujer será una madre más o menos buena según que la sociedad valorice o desprecie la maternidad” (Badinter, 1981).
Es así como la maternidad, ejercida por la mujer y basada en el vínculo amoroso, se instala en nuestra sociedad a partir del siglo XVIII. Allí, el amor maternal aparece como un “concepto nuevo” que exalta los valores y los vínculos maternales que por varios siglos habían parecido abominables.
¿Cómo se justifica el cambio?
La sociedad ha corrompido lo que nunca debió cambiar. Ésta pasa a ser la consigna básica para la vuelta al ejercicio de la maternidad de la progenitora.
El ejercicio de la maternidad es parte natural de la mujer, dado el hecho biológico de que las mujeres llevan en sí a los hijos y luego les dan de mamar (Chorodow, 1984).
El encuadre actual encuentra el ejercicio de la maternidad insertado en el interjuego de tres ideologías:
- Ideología patriarcal
- Ideología tecnológica
- Ideología capitalista
Las ideologías que atraviesan la maternidad
1. Ideología patriarcal
La primera refiere a la sociedad patriarcal.
La paternidad es el vínculo central de la sociedad, donde los lazos sanguíneos son altamente valorados. La posición de la madre es la de:
“la mujer que cría a los hijos del hombre”.
“Maternidad en la sociedad patriarcal es lo que madres y bebés significan para el hombre” (Chorodow, 1984; Katz Rothman, 1990).
La madre logra igualar los derechos del padre basándose no en los aportes de la maternidad per se, sino en el aporte genético como el lazo de mayor permanencia.
En el sistema patriarcal:
- una persona es aquello que crece a partir de la “semilla” del padre, considerada irremplazable
- la madre y la crianza son consideradas sustituibles
2. Ideología tecnológica
La segunda ideología en juego es la tecnológica, que nos coloca a todos bajo una metáfora mecánica.
En este enfoque:
- el niño es el “producto”
- la madre es la “herramienta” de trabajo
- el cuerpo de la mujer es un “recurso”
El útero de la madre es visualizado como una máquina, mientras que el médico aparece como supervisor del proceso.
La crianza pasa a ser vista como una tarea técnica que debe realizarse correctamente.
De esta forma encontramos:
“una madre-máquina que es manipulada para producir bebés eficientemente” (Katz Rothman, 1990).
3. Ideología capitalista
La tercera ideología sitúa la maternidad en el desarrollo del capitalismo.
En este sistema, el derecho a la propiedad es uno de los bienes supremos. Aparece entonces la discusión acerca de:
- los derechos de posesión sobre el cuerpo
- el derecho sobre los hijos propios
Sin embargo, en el sistema patriarcal poseer el cuerpo no otorga un control real sobre el embarazo, ya que lo verdaderamente valioso es el niño.
En este marco:
- en la ideología patriarcal, el niño es extensión del hombre
- en la ideología capitalista, el niño se vincula con riqueza (Katz Rothman, 1990)
La maternidad como una construcción
La triangulación ideológica descrita sostiene la maternidad como la esencia del ser mujer, lo cual no solo organiza las formas de parir y criar, sino que se instituye como el ámbito que da sentido a su vida.
Para abordar la maternidad de manera más completa es necesario diferenciar:
- El hecho reproductivo
- El ejercicio maternal
El primero refiere a la capacidad biológica de embarazarse y parir (Fernández, 1994), una posibilidad genética y heredada, un saber filogenéticamente adquirido (Giberti, 1993).
Este aspecto suele asociarse al orden de lo natural, y para algunos constituye una explicación esencialista de por qué las mujeres ejercen la maternidad.
Sin embargo, el análisis histórico demuestra que la capacidad biológica es una condición necesaria pero no suficiente para la maternidad.
La teoría del instinto materno presenta este fenómeno como algo:
- aislado de la cultura
- ahistórico
- natural e inevitable
Según esta idea, la madre sería capaz de cuidar a su hijo, satisfacer sus necesidades y comprenderlo mejor que nadie.
En palabras de Giberti (1993):
“La uteridad nos conducirá a ser buenas y sacrificadas para con los hijos, de lo contrario ‘carecemos de entrañas’, somos seres ‘contra natura’”.
Factores sociales y personales
Hoy existe una creciente conciencia acerca de la multiplicidad de circunstancias que influyen en el deseo o rechazo de la maternidad, tales como:
- condiciones materiales de vida
- representaciones sociales sobre la familia
- concepciones sobre la sexualidad
- contexto cultural
Estas condiciones pueden hacer que un hijo sea no deseado (Climent y Arias, 1993).
También influyen:
- las características de personalidad
- las experiencias de vida
las cuales pueden aumentar o disminuir el deseo de tener un hijo en diferentes momentos del ciclo vital de una mujer.
Aunque la cultura patriarcal ha presentado el deseo maternal como constitutivo de la identidad femenina, existen otros deseos constitutivos que pueden desplazarlo.
Embarazo no deseado y decisiones posibles
La presión social hacia el rol materno puede intensificarse según el contexto socioeconómico.
Frente a un embarazo no deseado existen diferentes posibilidades (Palma, 1991):
- cohabitación con la pareja
- maternidad en soltería
- aborto
- entrega en adopción
Las dos primeras opciones implican aceptar algún tipo de relación con el hijo, mientras que las otras dos implican interrumpir o renunciar a ese vínculo.
Según la experiencia de Irma Palma (1991) con adolescentes en Chile, quienes continúan el embarazo para entregar al niño en adopción suelen ser:
mujeres cuya preñez es producto de una experiencia de violencia sexual, muchas veces intrafamiliar.
El lenguaje y la entrega en adopción
Las mujeres que entregan a sus hijos en adopción suelen ser clasificadas mediante diferentes términos.
Uno de ellos es “abandono”.
Según el Diccionario de la Real Academia Española, abandonar puede significar:
- dejar o desamparar
- renunciar a algo
- descuidar obligaciones
- perder dominio o posesión
Otro término utilizado vulgarmente es “regalar un hijo”, que implica una connotación despectiva.
Sin embargo, el significado literal de regalar también puede ser:
- dar algo sin recibir nada a cambio
- ofrecer algo como muestra de afecto o consideración
También se utiliza el término “entregar”, que proviene del latín integrare:
- restituir
- poner algo en manos de otro
- devolver o declararse sin fuerzas para continuar
Este último significado se acerca a la experiencia relatada por muchas mujeres que toman esta decisión.
La perspectiva de los profesionales de la salud
Actualmente, la participación del equipo de salud en el ejercicio de la maternidad se ha naturalizado.
Sin embargo, históricamente esto no siempre fue así.
Fue la creciente valoración del niño, posterior a la Revolución Industrial, la que impulsó la formación de profesionales encargados de:
- preservar la salud infantil
- supervisar las tareas maternales
Se organizaron campañas de formación para:
- obstetras
- parteras
- madres
muchas veces acompañadas de críticas hacia las nodrizas.
Con el tiempo, las tareas de las parteras se masculinizaron, siendo asumidas por ginecólogos y obstetras formados en la universidad.
Así se estableció una “alianza privilegiada” entre médicos y madres (Badinter, 1981).
El modelo médico de la maternidad
A pesar de los cambios sociales y de las luchas del movimiento de mujeres, aún se sostiene en muchos espacios la idea del instinto materno como base del ejercicio de la maternidad.
Esto genera un modelo de normalidad que identifica:
mujer = madre
Este modelo es reforzado por el sistema médico, que posee legitimidad social para definir:
- qué es normal
- qué es patológico
Dentro del paradigma médico clásico, la madre es vista inicialmente como:
“un útero gestante” (Oakley, 1980)
Se privilegia lo biológico sobre los componentes:
- emocionales
- psicológicos
- sociales
Tensiones dentro del sistema de salud
Cuando una mujer manifiesta su deseo de entregar a su hijo en adopción, se produce una ruptura del equilibrio que sostiene el paradigma tradicional de la maternidad.
Esto genera tensiones dentro de la institución de salud, donde la tecnología médica interviene en los procesos de:
- embarazo
- parto
- puerperio
Otro elemento relevante es el contrato médico-paciente, marcado por relaciones de poder que dificultan cuestionar el discurso médico (Mijtavila y Echeveste, 1994).
Esta situación se vuelve aún más compleja cuando las mujeres desafían el paradigma dominante del ejercicio de la maternidad.
Ideología y maternidad en la medicina
Dentro de este marco se sostiene la idea de que la mujer alcanza la culminación de su desarrollo biológico a través del embarazo y el parto.
Según De Miguel (1979):
“Todas las mujeres, las pobres y las ricas, sienten la necesidad de ser madres; su organismo, dispuesto sola y exclusivamente para el desempeño de esa misión, se altera notablemente cuando por alguna causa no puede cumplirla”.
Esta ideología, sumada a la falta de conocimiento sobre problemáticas específicas, lleva a que las intervenciones de los profesionales de la salud busquen homogeneizar las formas de ejercer la maternidad.
Fuente
Mónica Gogna (comp.):
Feminidades y masculinidades: Estudios sobre la salud reproductiva y sexualidades en Argentina, Chile y Colombia.
Buenos Aires: CEDES, 2000. (págs. 130–136)
Resumen de Ps. S. Cano V. para la Cátedra Psicología y Salud Mental de la Mujer (2009).